COMENTARIOS Y CUENTOS DE RICARDO SALVADOR
Ayer salí a pasear en el nuevo horario anunciado por el peor de los ministros de Sanidad que recuerde la historia, tal vez, del mundo y como era previsible en una nación que está más pendiente del fútbol. GH, OT o Sálvame, había en la calle más deportistas, más niños con sus padres, más gente menor de 70 años, que viejos y decidí regresar a casa. Eran las once de la mañana, no una hora de transición como puede serlo cinco o diez minutos antes o después de una franja.
En el período destinado a los viejos por la tarde, es decir, de 7 a 8, mi amigo Aniceto y su mujer tuvieron que regresar a su casa por lo mismo. Es más, esta mañana, desde mi atalaya hogareña en Terrassa he visto cómo la gente, de cualquier sexo o edad, se mueve y reúne a sus anchas, como si nada sucediera y, naturalmente para los idiotas, sin respetar el distanciamiento social mínimo. Lamentablemente, existe un peligroso enemigo invisible que nos acecha desde cualquier rincón. SEGUIR LEYENDO