De momento y mientras no exista una vacuna o un tratamiento efectivo contra el coronavirus Covid-19, la mascarilla es la única defensa del ser humano contra la proliferación del mal… Naturalmente, visto lo visto, al referirnos al ser humano, lo hacemos a las personas con al menos dos dedos de frente y un mínimo de instrucción y no a aquellos ignorantes supinos que si las utilizan, lo hacen como pulseras.
En la actualidad, pese a la obligatoriedad de su uso en sitios públicos cerrados, y abiertos mientras, como es lo normal, no se pueda mantener una distancia social de al menos metro y medio, según las estadísticas de un gobierno que no conoce otra forma de comunicación como no sea la mentira, un 20 por ciento de la población no usa o utiliza incorrectamente la mascarilla.
No obstante en mi ciudad a, donde la policía local brilla por su ausencia, ese porcentaje puede alcanzar bien bien, el 75 por ciento.
Así las cosas, he visto en dos ocasiones a gente recorriendo los pasillos de un supermercado en particular y en otra, a una sujeta utilizando el transporte público, sin este adminículo que aunque no es infalible, es de momento lo único que nos protege del coronavirus que sigue ahí, en la calle, a nuestro lado, acechando nuestra integridad con esa peligrosa carga que puede llegar a ser mortal.