Comentarios y cuentos de Ricardo Salvador

Por lo visto en los últimos días, mucha de la gente que ha recibido una o las dos dosis de las vacunas contra el coronavirus, siente tal satisfacción, tal alegría, tal euforia que pareciera que están con ella alcanzando la inmortalidad. Yo fui uno de ellos al recibir la segunda de Pfeizer.
Y digo fui uno de ellos, porque tras dos noches de dormir tranquilo como un bebé recién comido y con los pañales limpios, a la tercera me asaltó una realidad aterrorizante… Tengo 72 años y si bien presumiblemente no moriré por el coronavirus, pese a la vacuna moriré por cualquier otro motivo en menos y con suerte en algo más de 20 años, vamos, un breve suspiro si miro hacia mi pasado y me parece que ocurrieron ayer los sucesos de hace ese tiempo.
Desde esa noche mi insomnio es total.
¡Jodeeeeer!