Desde los principios del confinamiento que estuvieron por el barrio un par de veces en misión lúdica, lo cierto es que casi no he vuelto a ver ni patrullas ni agentes de la Policía Municipal de Terrassa. La excepción que justifica el “casi” se configuró este domingo cuando vi pasar a eso de las cinco de la tarde por la calle Colón, algo más allá de mi querencia,, un vehículo con dos policías dentro, sin hacer el menor caso de las innumerables personas que circulaban alrededor de la Plaza de Can Palet sin mascarilla (entre otras muchas más que sí la portaban, aunque fuese como bufanda o pulsera), pese a la obligatoriedad de su uso.
Mi oxidada mente cascada por los 71 años que me atenazan y ralentizan, concluyó que quizás aquellos dos personajes, un hombre y una mujer, habían comprado el vehículo oficial a precio de ocasión ante la posible -aunque poco probable- disolución del cuerpo.
La cosa es que en mi barrio, uno de los más abandonados que recuerde en mi extensa vida, salpicada de municipalidades, concejos municipales y ayuntamientos de diferentes lugares de la Tierra, no he visto un solo agente de la ley, más que a lo lejos los vehículos de los mossos que suelen transitar por la Av. Del Vallés y eso que el incumplimiento de la norma que obliga a llevar la mascarilla la acata poca gente y la de la distancia de seguridad prácticamente nadie. Esto sin contar las aglomeraciones en las terrazas de muchos bares y las ruidosas reuniones nocturnas que se suceden hasta altas horas de la madrugada en las inmediaciones de esos barres ya cerrados.
Yo no sé, pero por la negligencia de demasiada gente y la invisibilidad de un cuerpo que desde mi humilde óptica, parece haber echado el cierre, no solamente en mi barrio, sino por lo que me cuentan, en muchos otros, no es extraño que el SARS-CoV-2 se esté reproduciendo con la misma prolífica eficacia que caracteriza a los conejos.
Así es la vida. Así son y así están las cosas.
Las ramas no le dejan ver el bosque señor…
http://www.diarideterrassa.es/terrassa/2019/01/12/ciudad-policias-locales/101274.html
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Esa nota del diario del centro de la ciudad avala mi opinión en su totalidad… Más acertado hubiese sido decir que «el bosque no deja ver las ramas»
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